1 may 2023

 

Me sorprendió el frío en ese rincón y amanecí resfriado a pesar de las cobijas. Tal vez se coló por entre los cristales rotos de la ventana, tal vez llegó con el recuerdo de una mujer que se alejó hace tiempo pero dejó algunas de sus cosas dispuestas casi al azar en el desorden de mi pecho o de mi memoria o de mi corazón.
Yo sé que vino el frío de algún sitio, sin anunciarse, sin apenas hacer ruido y mientras yo trataba de leer en el tapanco de esa casa de piedra, preocupado por caer si la madera se resquebrajaba con mi peso, tomó asiento en la cama contigua y mientras me observaba parpadear de sueño tras la larga caminata en la montaña, una caminata que no fue tan larga pero que la falta de costumbre le dió proporciones casi homéricas, fue posando su mano huesuda sobre mi espalda hasta cubrirme con un manto suave hasta que me atrapó en su fauce el sueño y en él me ví más joven y menos ensombrecido, y oí gorjear las aves de la selva, pero ya nada importaba, solo la voz de esa mujer de la que todavía no sé cómo despedirme aunque se me agoten las horas, los kilómetros en carretera, la esperanza, el horizonte, las nubes que anuncian lluvia o se alejan como si huyeran hacia tierras más cálidas empujadas por la detonación matutina de cañones antigranizo.

2020/09/06

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