¿Que habrá pensado Adán en el jardín cuando nombró los animales y las plantas y las cosas del mundo? ¿Habrá quedado satisfecho, no nació en él la más mínima sombra de duda por el nombre dado, por ejemplo, al dromedario o a la higuera? ¿Pidió cambiar algún nombre en el último minuto, tembló ante la idea de que la palabra dada fuera incapaz de contener a su depositario, que alguna planta dejase de alcanzar su esplendor o las aves migratorias fueran incapaces de reconocer la ruta de su vuelo al recibir el nombre equivocado?
2020/10/30
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