cuando amanece en el viejo terruño
Olivia ya se ha recompuesto la sonrisa,
ha limpiado su casa, y puesto a secar
su callada tristeza en lo más alto del pueblo
camina por la calle principal
en el mercado compra flores blancas
en el camino saluda, feliz
a todo mundo
alguien la acompaña
platican, como viejos conocidos
en la plazuela, justo antes de pasar
bajo los tulipanes de Indias
cruza bromas con un grupo de amigos
al llegar a la iglesia de San Juan
toma a su acompañante de la mano
le muestra los santos que cuida,
para ellos son las flores
míralos, le dice al visitante, no me van a perdonar
pero sé que me cuidan
los amigos sofocados por el calor
se preguntan si el trastabillar de Olivia
es una borrachera o un fruto de la imaginación
en ese momento, ella siente la primer dentellada
en el vientre y sabe que no alcanzará
a llegar a su casa para alimentar a sus palomas
camina aún, alcanza a recordar la infancia
correteando por la casa curial
los días de lluvia y las batallas con las flores
de la jacaranda y de la bugambilia
casi al llegar a la calle que todos llaman Álvarez
comienza a desplomarse dentro de una oscuridad
que crece desde lo más profundo de su entraña
antes de tender la mano, su acompañante
que nadie ha visto, le dice que irán a conocer el mar
pero ya no hay amanecer en su horizonte
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