9 abr 2020

Otra vez llego a la orilla final de la noche,
gritando el nombre tuyo, enfermo de mí mismo:
naufragué toda la noche para alcanzar la cuchilla del alba,
incendié mi lengua para llamarte sin resquebrajamiento,
pero estoy herido de tu ausencia, y no consigo desvanecerme,
aliviar esta dolencia de etérea carne arrancada a mordiscos, de astillado hueso;

heme aquí, ahora, a unas brazadas del naufragio, bandera en alto,
caído, desvencijado, con mi cadáver a cuestas, sudoroso

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