Largo, al dibujarte en el haz de la memoria, pasa el tiempo con su carruaje de horas;
esta casa forjada en la penumbra, este fuego cruzado de gaviotas -ya he descrito, para ti, mi pecho- es lo que ofrezco
cae mi mano sin hallar tu mano, estoy en una isla poblada de huracanes que te nombran; en el arco de tu sonrisa anida mi más suave pesadilla,
rojo es el fruto que muerdo para salvarme del asedio de la muerte.
Ahora pido: ahógame en tus aguas, dame la bendición desde el púlpito de tu boca
martiriza la flor de mi deseo, que no salga vivo de tu lado
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