orbitas el centro de mi noche,
juegas, cazadora por fin agazapada,
en la víspera de mi derrota;
para llamar el alba, ronronea tu pecho,
suena como un caracol despojado
en su más íntima arena,
sal sin mar, adormecida rosa;
oscuro será tu cuerpo cuando sombra,
largo invento del otoño,
nunca mejor descrito
el deseo, ese cachorro
así es que llega, de nueva cuenta,
zarza ardiente, desértico espejismo,
indomeñable, el rostro de tu ausencia
nadie hay para hablar con el desvelo
en esta encrucijada en que todo se oye:
cada resquebrajamiento, cada espasmo
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