28 abr 2020

Cartas como novias abandonadas en los parques

He debido decir hace ya tiempo que tu cercanía es algo que sin buscarlo anhelo. Que toda luz se enciende cuando llegas, que vuelven a abrir sus pétalos los jardines -que no consigo evitar la horrorosa cursilería-, que no hay bruma ni invierno si te apareces al filo de la aurora.
Que cualquier pretexto basta para ir a tu encuentro, para buscarte como quien busca afanoso una ciudad desconocida en las profundidades del mar o del desierto. Que eres el chispazo, y estoy ebrio de desearte.
Que mi lengua se fatiga de nombrarte, de anhelar el puerto de tu humedecido pubis. Que cierro los ojos para soñar contigo, y estoy tan cerca que casi puedo tocarte con la punta lasciva de mis dedos, y me sonrojo a solas, y te vuelvo a pensar y casi oigo el palpitar de mis dos heridos corazones.

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