¡Qué lejana, que esquiva la luz del alba!
Tristeza, qué afanoso sembrar mi malva,
en tu jardín de hiedra y rosa. Ronda
la noche en pleno día, y recógese la mansa
sangre pecho adentro. Ciego me nombra
el vendaval, ya la tormenta. Su oscuridad alumbra
la llama en mi conciencia: su beso es larva
(la tristeza, digamos cual polilla) en mi garganta.
Bosque, tu entraña sobre mí ya se agiganta.
Tu luz susurra, inalcanzable; mi pobre voz
se desespera y llama y en el eco se hunde,
cadáver, roca, acero, en el fango atroz.
Todo es silencio, mi lengua vive, en ti se funde.
sangre pecho adentro. Ciego me nombra
el vendaval, ya la tormenta. Su oscuridad alumbra
la llama en mi conciencia: su beso es larva
(la tristeza, digamos cual polilla) en mi garganta.
Bosque, tu entraña sobre mí ya se agiganta.
Tu luz susurra, inalcanzable; mi pobre voz
se desespera y llama y en el eco se hunde,
cadáver, roca, acero, en el fango atroz.
Todo es silencio, mi lengua vive, en ti se funde.
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