al cabo de los años, la herida cierra,
torpe, descuidadamente, como quien cierra
su hogar al invierno y sus lenguas de hielo;
ahora, en el centro del dolor, está tu rostro, hermano:
bufa, rabioso, desconfiado el lobo de mi rabia;
soy, ahora, a ratos, herido en el ánimo, un crío que se extravía,
estoy diciendo adiós, en este rincón terrible
donde acuña su moneda el desamparo
en estas horas en que la luz huye,
saboreamos una verdad amarga
y entonces, ¿qué decir para maniatar el silencio?
o qué vereda tomar para avivar el fuego, ahora, en esta tierra
donde a diario teje sus muros la niebla,
una tierra, tal vez, dónde a diario llueva puntualmente;
nos habrías dicho lo necesario, lo urgente que era hacerse llama
en esta tierra lacerada y harapienta, novia triste;
con qué nombre bautizar aquel gatillo,
a qué mano culpar, de haberte herido,
hoy, a esta hora de la madrugada,
si es uno sólo y sin rostro tu asesino?
es justo decir que estoy sangrando, que hay una astilla
surcando mi persona desde entonces
entre pulmón y sosiego
tengo el dolor haciendo piruetas en mi sangre,
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