28 abr 2020

Abruptamente, el auto vira a la derecha para salir de la carretera. Lleva sobre su pintura la suciedad de varios días y largos kilómetros.
De su interior emerge un hombre que aparenta más edad de la que carga sobre sus hombros. Sin prisa se dirige al bar y en el trayecto, no más de diez pasos, siente la calidez del día, ve a una mujer rubia tendiendo ropa al sol, pero enseguida desaparece tras un muro. El bar se llama El llano infinito y está vacío.
El hombre piensa en el infinito. Es un bar, se dice, y está a punto de cerrar.
Pide una cerveza, cierra los ojos.

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