Aquí está mi carne,
este bulto hecho de sangre, huesos,
y una oscura sabia nacida en la tristeza.
Ustedes perdonarán, pero no tengo otro
modo de nombrarla, mi pobre lengua
me es insuficiente para envolver ese amasijo de duda y molecular simpleza.
Por eso digo que ya he puesto mi carne
sobre la madera sucia de la mesa,
como quien arroja el fardo de su pecado
o su alegría inconmensurable
a un rincón después de haberla cargado largo tiempo,
sin descanso, obligado por las normas
no escritas del buen comportamiento.
Pero no me confundan, soy un rumiante mal herido
-porque la herida no es mortal,
porque mi agresor fue torpe en su arte-
y si he conservado intacto el artificio
sin color de la esperanza,
si he roto cada vaso o cáliz para santificar el vacío,
ha sido mi ignorancia, este conjunto de atrofiado músculo
y tendones, esta celebración de la decadencia,
lo que por mí levanta la voz, y dice
'pongamos que estoy ebrio
y he abandonado cada ofertorio del amor,
y he sido derrotado'
No hay comentarios:
Publicar un comentario