y acaso valga un refrán
para llamarte
para decir tu nombre
sin decirlo
que no haya distancia
o enrojecidas nubes
entre tu ojo diestro
y mi temblor siniestro
hasta los huesos
pero todos saben
que hay una espiral
en ascenso por mi pecho
-refugio de puñales,
trapo de absorber alcoholes-
si llegas, tumultaria
y luminosa
a incendiar las aves de la noche
aunque por hoy, por ayer
y mañana un siglo más
me muerda despiadada
la nostalgia esa espiral
que baja por mi pecho
como un veneno
o una canción pedestre
y me digo
más vale arder en tus labios
que incierto vocablo
No hay comentarios:
Publicar un comentario