Podría decir que amé la herida al pronunciar su nombre
que salto de una orilla a otra del desvelo,
que muerdo, por molestar, el talón izquierdo de mi desdicha,
y simulo un arco de sonrisa, la apabullante
carcajada como un jab a la mandíbula de la derrota,
cuando quiere salir a bailar conmigo
para, le digo, y bebo un trago, desempolvo
mis dos pies izquierdos,
y tropiezo y la avergüenzo, y me mira
como una madre, pero no dice nada
me deja a oscuras en medio de la pista
volveré grita a lo lejos, un día tienes que hacerlo
yo quisiera decirle que se me incendia el corazón de pena
se me desborda el dique de la lágrima cuando vuelve,
sonriente, coqueta, guapa recién perfumada
pero no puedo no sé mover los pies
al ritmo de su cadera su cabello al viento
aunque me atraiga endemoniadamente
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