los lejanos, inalcanzables, inhóspitos
tenderetes donde la fruta y la golosina
pierden sus formas para dar paso a la confusión,
aquí está la montaña rusa de mi pecho
la casa de espejismos de la mirada,
la casa de los horrores del deseo,
todo abierto al público, como un cadalso
en qué lengua se inscribe el desierto,
la vasta desolación de lo vivido
de todo lo que desfalleció por nuestra mano
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