28 abr 2020

Has estado alguna vez en medio de una manifestación, en la primera línea, en el espacio que separa al civil del granadero, fotografiando el rostro hastiado de cada hombre o mujer uniformado, forzados a empuñar el tolete, soportar el peso y el calor de su armadura plástica, el escudo, las órdenes, el sol cayendo a plomo, el estatismo previo a la orden, el hambre, las deudas, el drama casero, los llantos cotidianos, la necesidad de pagar facturas, y visto entonces, entre chácharas, plática indiferente, tensión del qué sigue, se perdió fulano, fue al baño hace media hora y no regresa, a quien los dirige, cruzar miradas con ese personaje y verlo sonreír maliciosa, amenazadoramente, dejarse fotografiar, ir luego en busca del elemento más fornido, una bestia de carga, susurrar algo a su odio, carcajearse ambos mesuradamente, mientras te miran, y entonces adivinas que ya traes guardia personalizada, que los macanazos ya llevan dedicatoria, y entonces alguien da la primera orden, firmes, levantarse los escudos, en la clásica formación de los legionarios romanos, en falange, aparecer los toletes (antes eran gladios) y golpear tres veces, el estruendo del golpeteo es breve pero uniforme, canto de guerra, aviso, un paso, tres golpeteos más de toletes sobre escudos, breve silencio del lado de la manifestación, vuelta al bullicio, no nos movemos, y piensas en lo cerca que ha quedado el puerco granadero que te está cuidando cuando se acerca Paco Tejón a decirte compa ya viste esos te quieren madrear primero no dejan de mirarte, y como quien no quiere la cosa le explicas para ahuyentar también el temor que son perros de presa obligados por la necesidad que es lamentable, hombres, mujeres, jóvenes sobre todo arriesgando su vida y su integridad para defender a quienes los mantienen sumidos en la miseria, círculo vicioso, igual que a nosotros, pero ellos peor porque lamen la mano que los mata de hambre, que a fin de cuentas vale madre, pobres citadinos seguramente hijos o nietos de migrantes provincianos empujados por el hambre enviados a golpear pobres campiranos de provincia organizados para salvarse de su hambre y la miseria qué cosa tan extraña, las palabras, que pareciera que a todos nos tocan igual pero pone a unos de un lado y a otros en la orilla contraria, y el gorila se hace como si la virgen le hablara pero ya no sostiene la mirada, como que se le apagó la fiereza por un instante, qué poca dice Paco el tejón y enseguida mira, Goyo está en las escaleras lo van a madrear antes que a nadie, y bien quitado de la pena, no manches, firmes, segunda orden, escudos, toletes, avancen dos pasos, el círculo se reduce de este lado y aunque todavía no lo sepas también calle abajo se va cerrando el círculo o sea que no queda hacia donde correr pero todavía no lo sabes aunque deberías imaginarlo, el encapsulamiento es clásico en la estrategia represiva, más toletes golpeando escudos, alto, cinco minutos, se repite la orden, dos, tres ocasiones más, los animales de presa avanzan hacia ustedes y ya guardaste la cámara, tienes ganas de adentrarte en la multitud, sin que puedas negar el miedo pero te quedas en esa primera línea, solo pasas detrás de una lona que grita presos políticos libertad como si ese plástico fuera protección suficiente, y entonces todo se detiene

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