9 abr 2020

No tenía más de diez años cuando me lo encontré por la calle. Iba sucio, maloliente, cabizbajo, como avergonzado de estar allí, en cualquier sitio. Movido por la curiosidad, le pregunté quién era y donde vivía. En todas partes, me respondió, soy dios. Lo dijo así, con minúscula, con pena. Le dije que no estaba dispuesto a creerle si no me daba una prueba.
Ese es el problema, me dijo, yo no existo. Y se desvaneció.

No hay comentarios: