30 abr 2020

Llamé a tu puerta, era muy tarde.
Llovía también, casi un diluvio.
Olí de flores blancas el efluvio.
Oí a lo lejos un verso de Velarde.

Llamóme un fantasma del Vesubio,
su oscura voz me vió cobarde.
Corrí con miedo, no hago alarde.
Diré: ese cruel trance fue preludio
de noches ominosas, de espejos
que gritaban, de torvos espejismos.
Llamé a mi dios -su nombre es nadie-
y nadie respondió, pero a lo lejos.
Grité, lloré a rabiar, maldije abismos;
me hallé sin mi, mascando el aire.

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