28 abr 2020

Astros que se caen

Nuestro es el desorden de las cosas,
el elegíaco trepidar de cuerpos descoyuntados,
abigarrados en el verbo y en la acción, trashumantes
corriendo a tropezones, confundidos animales;
 

este recogimiento de la nervatura es mi defensa:
soy poco menos que una roca herida por el rayo,
 

el pastizal incendiado en el beso del abandono;
una herida que se cierra ante el fantasma,
que por dentro de la carne crece, jovial, furiosamente


somos palabras derramadas, el ruido al caer
otra vez sobre la tierra, fruto a un paso de la putrefacción,
resquebrajado huesadal y dubitativa sangre;
todo lo que mordió el otoño está doliendo,
se oculta o busca abismos o ramas para tender
alguna cuerda, columpios para el suicida, o para el niño

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