30 abr 2020

luego entonces, despierta un día, abre los ojos,
ponte en pie, cumple, ciego, tu rutina o el ritual
de ponerle la correa a tu destino, de llevarlo
a correr a un parque y recoger sus heces,
olvida el gancho al hígado, el uppercut de la sorpresa,
que todo te sea todo indiferente, como una postal
que no has de enviar y por ello dejas, muriendo,
bajo el sol de la ciudad, en su féretro público
de un estanquillo, de una tienda de objetos
sin deseo, dile a ti mismo "no hay manera, acaso
lo olvidemos al llegar a casa", no dejes al azar
poner su mano en tu hombro, que se te olvide
que una tarde recordaste el encorralamiento
de tu memoria, los sempiternos viajes al redil,
toro de lidia, tú, infinitamente asaeteado, y como
un héroe griego, condenado a la perpetua mutilación,
no por los buitres, y sin gloria ni esperanza de salvamento
acaso en el embriague sabatino, cual un sísifo
que recién caída la roca, desencumbra la montaña
y en la planicie, antes de buscar el objeto de su tarea,
entra a un minisuper y compra una ardiente cocacola;
y no habrá mucho más, la tarde sobrevendrá con su oleaje
de malvas, a susurrarte al oído que ha sido turbio el día,
aunque sea el mismo, que no hay hueso bajo tu carne
que no esté dolido, y que es urgente buscar mortaja
o una cama para el sueño, y olvidarás,
no habrá ansiedad saltando en el trampolín de tu sosiego,
hasta que un día, despiertes, abras los ojos, pongas en pie
todos tus huesos y algo, de pronto, se rompa,
entre la hora de sacar a orear la suerte y el vapor
en la cocina, acaso de café, o simple agua agitándose violenta


pero no pienses que te ha faltado la rabia en la quijada
de tu adormecido corazón, que fuiste derrotado,
ha sido siempre otro el motivo, han sido siempre
las buenas intenciones, tal vez el amor, ese perro
que ronca en el patio que no tiene tu habitación
las subrepticias marejadas del destino, y por eso
un día agachaste por fin la cabeza, domeñándote a ti mismo,
qué cadena de castigo, qué grilletes te habrían detenido!
pero recuerda ahora, y luego olvídalo, recuerda la canción,
que fuiste el gorrioncillo que tras de sí, estando dentro,
cerró la celda, conforme en su prisión

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