hoy no brindé por ti, nena,
estaba cansado de cargar bultos,
de conducir entre la niebla
con los faros desajustados
y la suspensión hecha pedazos,
y, tú sabes, pese al frío, la sed
pone su garra en la garganta
y uno va y abre la primera cerveza,
pone música en el navegador
y justo en el tercer o cuarto trago,
cuando uno está hecho un lío
en la cabeza, y relajados los músculos,
es decir, con la guardia baja, distraído,
entonces comienza a sonar
una canción que compartimos,
un detalle insignificante, y la cosa
termina por torcerse
fue en ese momento que comencé
a acordarme de tí, nena,
ya repetí la canción unas diez veces:
me pesa la certeza de estar solo
y, además, sin ti
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