28 abr 2020

qué hacer si la terrible, dolorosa angustia viene a alfombrar la noche
a revolver entre los viejos trapos de la tristeza,
acaso tapiar la casa, atrincherar el corazón con alambradas
y explosivos, rondar la penumbra, vigilante,
a la espera de su llegada horripilante, desde inusitadas atalayas,
qué hacer, señor, señora, vagabundos, si pese a todo, a la embriaguez
y los incondicionales camaradas, el invierno arría sus velas en el puerto de mi ánimo,
y se posa, golondrina, en un rincón inusitado de la recién adquirida sonrisa,
ese extraño traquetear de músculos sobre el rostro
qué hacer, cuando la hierba crece entre el ladrillar del muro,
si llega a tocar la puerta de mi habitación
como una mujer, lozana, jovial, y enreda mis cabellos
y me abraza para después morderme


qué hacer, señora, señor alcalde, fontaneros,
si la perra depresión lame mi rostro mientras llena de mierda mi cadáver

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