y sin sangrar
he abierto la puerta de la casa
donde hizo su nudo la infancia
son diez años casi
y aquí estamos
sorbiendo los mocos
de la nariz de la nostalgia
algunas tardes pienso
en la fragilidad del espejismo
cuánto hace falta para perder
a un amigo entrañable
dejar de brindar como esta noche
mientras escribo
en el sanitario
de un karaoke
a veinte grados
en una ciudad
que abraza el invierno
y sus mujeres
sin embargo
visten
ropa de verano
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