cerró su puerta el azar, y sus ventanas, para ocultarte
icé banderas y estandartes para señalar tu paso, para dejar constancia de tu huella;
lancé, a ciegas, dardos y cartas a la madrugada,
es preciso decir que nadie, ni el silencio, respondió:
ganó terreno el estruendo de los días, creciendo como una hierba vigorosa
nacida en el jardín donde sembré la duda de tu partida
ahora que hemos depuesto las armas, que navegamos ajenos mares,
[digo tu nombre para que me devore el olvido
[digo tu nombre para que me devore el olvido
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