Ya tengo el miedo: lo cabalgo.
Ya tengo el musgo en la palabra.
Yo busco, en fin, lo que el hidalgo
de La Mancha. Me descalabra
la paz lo que me falta: que abra
el horizonte su ojo de galgo,
que me engulla el abracadabra
gris de la angustia, lo que valgo.
Ya no espero el beso rotundo
del delirio, de ajenos cuerpos.
Ya no quiero el fruto oscuro
de lo bello, tal vez lo inmundo,
cotidiano, me llama. Muertos
están lengua y voz, propio muro.
2021/01/18
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