Sabe a nostalgia, trae en sí el recuerdo cálido de tiempos que acaso fueron dulces. Solo mirarla, la taza es un recuerdo vivo de una casa que aún existe pero cuyos habitantes centrales han dejado todo detrás suyo, la ropa, los rincones, el polvo, las palabras, la risa o el grito, el cuidado de las plantas y el pulido de los pisos recubiertos de parafina.
Leo salió hace rato, pero todo aquí tiene un aire de la primera patria, no es nada de la casa, es en sus detalles donde mora la maravilla. Su casa es un oasis donde el pasado florece bellamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario