1 mar 2020

Los siete años
de esta borrachera
que inicié
tras tu partida
han sido
deliciosamente
largos
ah, tus piernas
cómo olvidarlas
si cabalgaron
mi humanidad
cuando había
inocencia
en los bolsillos
Aquí está mi corazón, piedra de sal.
Arrúllalo en tu lengua, en el vaivén de tu cadera.
Como un cristal astíllalo. Que nada suyo quede en pie.
Que se le duerma el corazón a mi corazón,
cuando al llorarte, nombre, hueso a hueso,
tu recuerdo: que se le descoyunte cada hora
sobre la soberbia noche, que, roca, me sepulte
la primera sospecha de tu labio.


Que no haya rincón que alcance a ocultar
el suspiro al caer como un hacha sobre el silencio,
que no haya viento, por suave, que no le queme
la carne al pequeño habitante de mi pecho,
que lo ame el invierno como a un animal perdido.
Pero no le des alas a la esperanza,
muérdela, rómpele el hueso
que sostiene su ternura,
que se llenen de lodo sus vestidos,
por favor, no le des a la esperanza
cristales o ramas para edificar su nido,
envenénale el agua, escóndele las migas
del pan que la alimenta, que la inanición
la envuelva, y por favor, deja que caiga


que no tenga más lecho que la roca;
ahora mismo ladran detrás mío
los perros del desamparo,
y es poco lo que puedo hablar de amor,
porque es poco, apenas nada, una sospecha,
lo que sé de embarcaciones y nudos
para sujetar el mástil de la nostalgia,
y soy, ay, torpe timonel que ha de encallar!

no le des, por piedad, tu carne a la esperanza,
no la dejes que ensortije tus cabellos,
y en coloridas ensoñaciones te engañe,
que no se adueñe de tu voluntad su embrujo,
su canto de sirena, la dulce melodía
de su afilada lengua...

 no te dejes atenazar por la esperanza,
déjate caer, Ícaro o rey de Ilión que se enfrenta
a la fauce abierta de su destino
tengo
la sensación de tus muslos
[en la punta de mis dedos,
la sal, el sonrosado vaivén
[de tus mejillas,
tus glúteos generosos, el sudor
[creciendo
mar fugaz entre las sábanas;
/
tengo
tu nombre
en la punta de mi lengua,
confundido en las papilas
[gustativas,
entre el ácido de tu ombligo
[y el afrutado
vino de tu lengua; me quedan
[restos de ese sabor
a agave que nace entre tus dedos
[y en tu axila,
pero
me pierdo más si pienso en
[tus lunares,
en su diseño intrincado, que
[tengo en la punta
de los ojos, tal cual tú me
[sostienes en la punta
afilada de tus uñas, de tu
[orgasmo
¿Podremos volver a obsequiar
la primera flor de la primavera
como si fuera la única que brota del deseo
sin sentir que el engaño se posa
en nuestra voz, en nuestros gestos?
Apenas llegar tú, apenas verte, incluso, al sospecharte
encallé, deslumbrado por el faro de tus ojos;
quebré cerraduras para que nada se interpusiera
entre tus pasos de felino y mi sueño,
dejé abiertas mis ventanas para sentir tu aroma
crecer como una enredadera por los rincones de mi casa;
pero fue tan grande la inseguridad, tan atroz
el ruido al morder las calles, que desperté
y no habías llegado, y mi casa la habían vaciado
no sé si los impuestos o un ladrón
Podría decirte que la nostalgia
es un cachorro que tira de los tobillos,
gruñe, ladra; si pudiera nos diría
ha llegado el olor de la primera lluvia,
aquí está el papel estraza, y el Támesis fugaz
de la calle Central requiere valerosos navegantes
que se atrevan a conquistar los límites de la tierra,
a conquistar el mar o una laguna
poblada de aves migratorias
como la nostalgia, que picotea
llamando a tu puerta
esta noche antes de la lluvia,
guiada apenas por los últimos cocuyos de la temporada
Salvador, ¿a quién salvó tu sobriedad, tu cara de chamaco?

hoy, nacen limonares en las púas
que acorralaron, para aquietarlas,
tus manos de guitarro y boxeador

hey, loco, el rockanrol!
eh, vato, el teponaxtle y el ayuno!
hey morro, al tiro calle Bravo!

Las tardes descargando leña
volteando velas de parafina
las que te velarian años más tarde

es el sol lo que refulge en tu cráneo, atravesándolo?
Tonatiuh, la bala en tu cabeza
es el puño que jamás consiguió derribarte
la rabia en tu corazón
es un gallo de pelea
que sangrante canta en medio del palenque

quién pensaría en tu cuerpo
que yace lejos, entre basura
y zopilotes
Una vez que se ha nombrado la causa
del temblor a media noche,
el batir de puertas sin motivo,
abiertas como la fauce de un animal
que no se decide aún a clausurar
su resuello agónico, el columpiaje del último respiro,
que no llega ni se asoma, tímido
visitante por el ojo torvo de la ventana;
una vez que el nudo donde empieza a romperse
la casa de cristales del sosiego
se ha reconocido como un hijo propio
un hijo al que se teme con fervor de hiena,
y se recogen las pertenencias del abandono,
es pertinente asegurar las hendiduras,
tapiar grietas y persianas, envolver
en espinas los espejos de la casa, sus ojos;
para sobrevivir en el desierto,
el pequeño hombre recoge
ramas secas que lo espinan,
un nutrido grupo de hormigas rojas
han irritado la carne de sus brazos,
pero insiste en alcanzar la noche
en tocar el torso gélido del firmamento


ahora que su garganta se cierra
como el puño de un humillado,
y no alcanza a balbucear su nombre,

ha decidido alcanzar la frontera del sueño,
atravesarla como el cuchillo
atravesó el agitado corazón del cerdo,
una mañana que no sabe fijar en una fecha,
de la que sólo recuerda
los chillidos del animal, la inesperada sangre;

ha decidido cruzar la frontera del sueño,
sabe que navega sobre un mar de arena
que en el fondo hallará, tal vez,
un lecho de agua
durante el diluvio el agua le llega al mentón, pero el suicida cierra los ojos
¿Acaso hay hecho de mayor musicalidad que la derrota, el músculo corazón al astillarse?

Arder, hundirse, astillar la noche, ese cristal!

Y luego el verbo, la conjugada roca
que habrá de agrietar el cráneo
de la soledad, ah! la rabia galopante,
este crujido en el bajo vientre, como de huesos
qué entrechocan, dientes que se mellan
el filo, acero que golpea, para templarlo, al acero,
ay! escurrirse entre los dedos de la nostalgia,
alimentar a los perros del insomnio,
y hundirse, atado de los pies a un trozo de granito
o bruta piedra, en el corazón del Rhin,
danzar con los demonios, abrir la grieta
como quien abre una ventana, dejar que al aire
ventilar la tristeza, sacudir las telarañas,
destapar otra cerveza, aullar, apenas caída la noche,
aullar, aullar, que no venga la aurora
Se abraza lo roto, las heridas
que se olvidaron de cerrar sus puertas,
se abraza la desesperanza, lo terrible,
se le maquilla con fuegos fatuos, con artificios
y la delicadeza de quien amansa un huracán

para decir que se ha sobrevivido, que no hay daño
en la estructura ósea del delirio,
para negar la amputación del maxilar inferior del corazón,
el hombre señala el fuego, dice
he conseguido atravesarlo, esta pequeña quemadura
da fe de mi aventura, esta curvatura
en el horizonte de mi ojo izquierdo es fiel testigo,

pero miente, es su miedo el motor que lo impulsa,
el ser salvo, el permanente signo de su cobardía

de haber vivido, de haber amado con cada fibra de su coraje,
de haber saltado sobre los precipicios
como quien salta entre charcos dejados por la lluvia,

consumirse hasta la ceniza era la única opción