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| El recuerdo de tu sexo empapa mi insomnio |
28 mar 2020
23 mar 2020
Hay tardes en que el viento silba
como un viejo amigo, como diciendo
hermano! vamos a devorar el mundo,
aquí te espero, y a lo lejos se oye un relámpago,
pero nadie sale al patio infestado
de tordos a recibirlo, a ofrecerle una cerveza.
Como un amigo de hace siglos
ha venido el viento a preguntar
por la pandilla, por las hogueras a mediodía
y las guitarras que no dejaban de sonar;
como un viejo amigo, como diciendo
hermano! vamos a devorar el mundo,
aquí te espero, y a lo lejos se oye un relámpago,
pero nadie sale al patio infestado
de tordos a recibirlo, a ofrecerle una cerveza.
Como un amigo de hace siglos
ha venido el viento a preguntar
por la pandilla, por las hogueras a mediodía
y las guitarras que no dejaban de sonar;
Güeso roto
No el que alcanza para tallar vasos,
incensarios, flautas, collares
para el delicado cuello de la amada en cuestión,
es algo más cercano al ánimo, algo de hombre
desvencijado sobre su bolsa de años,
algo de la cuarteadura imposible del sosiego,
hundirse palmo a palmo en el fango
de la nada, con el alma relinchando
como un caballo que revienta de cansancio en la madrugada;
de eso hablo, de un hacha que alguien más blande
a ciegas sobre el pecho, o lo que es lo mismo,
sobre un leño reseco, y hace saltar la astilla sobre el ojo,
y mella el acero, y todo descompone,
todo sume en su entuerto de torpeza,
y nada se salva de quedar agonizando,
de lanzar la última cornada al aire,
este atacar a nadie a dentelladas,
recurso último del que sabe está cayendo
aunque a otros ojos parezca tan solo
la danza grotesca de un ciego antes del tropiezo
incensarios, flautas, collares
para el delicado cuello de la amada en cuestión,
es algo más cercano al ánimo, algo de hombre
desvencijado sobre su bolsa de años,
algo de la cuarteadura imposible del sosiego,
hundirse palmo a palmo en el fango
de la nada, con el alma relinchando
como un caballo que revienta de cansancio en la madrugada;
de eso hablo, de un hacha que alguien más blande
a ciegas sobre el pecho, o lo que es lo mismo,
sobre un leño reseco, y hace saltar la astilla sobre el ojo,
y mella el acero, y todo descompone,
todo sume en su entuerto de torpeza,
y nada se salva de quedar agonizando,
de lanzar la última cornada al aire,
este atacar a nadie a dentelladas,
recurso último del que sabe está cayendo
aunque a otros ojos parezca tan solo
la danza grotesca de un ciego antes del tropiezo
vine a decir que estoy dolido,
que me embriago y no hay sed
que justifique esta voracidad por las cantinas,
este barruntar en el esófago, este crepitar de la laringe,
como de cataratas que no terminan de llegar
al lecho del abismo, como de gargantas azoradas,
que se enferman en la noche, muertas de frío,
y apenas gritar tu nombre hay una estampida
de rinocerontes que se esconde,
y se rompe, cadena, papel, sueño,
y me pongo en pie, y digo que este amanecer
es un saraguato que ruge en la distancia
hambriento, que dice estoy dolido
no hay remedio en la tierra
para esta dentellada
y esta flor alojadas en mi pecho
que me embriago y no hay sed
que justifique esta voracidad por las cantinas,
este barruntar en el esófago, este crepitar de la laringe,
como de cataratas que no terminan de llegar
al lecho del abismo, como de gargantas azoradas,
que se enferman en la noche, muertas de frío,
y apenas gritar tu nombre hay una estampida
de rinocerontes que se esconde,
y se rompe, cadena, papel, sueño,
y me pongo en pie, y digo que este amanecer
es un saraguato que ruge en la distancia
hambriento, que dice estoy dolido
no hay remedio en la tierra
para esta dentellada
y esta flor alojadas en mi pecho
un hombre sin cabeza,
además de grotesco es un hombre muerto
un hombre que ha perdido la cabeza
sea la razón que sea la que le haya hecho extraviarla
es, además de un triste espectáculo, un hombre perdido
además de grotesco es un hombre muerto
un hombre que ha perdido la cabeza
sea la razón que sea la que le haya hecho extraviarla
es, además de un triste espectáculo, un hombre perdido
¿quién de ellos era yo, postrado a tus pies,
adoptada la postura de Juan el Bautista
ante Salomé, el instante previo a su misteriosa danza?
adoptada la postura de Juan el Bautista
ante Salomé, el instante previo a su misteriosa danza?
Ya cerré mi mano, corazón;
ya no cabe tu suspiro en el intersticio
de mi adormecido pulgar y el índice que amó
la humedad de tu madrugada.
Ya empuñé mi tristeza, amor,
y me he despedí, aunque doliera,
de las cosas incorpóreas
que alcanzaron a nombrarnos.
Dije adiós, amor, y sin hacer maletas,
he retomado el camino, y sonriendo
agito la gaviota blanca de mi pañuelo.
Ya no te pertenezco, es cierto,
y he soltado ya tu mano para huir
cómo solo sabe hacerlo un vencido.
Ya he cerrado mi puño, amor, ya palpita
mi corazón en el desierto,
ya se desangra mi pasión en el destierro
ya no cabe tu suspiro en el intersticio
de mi adormecido pulgar y el índice que amó
la humedad de tu madrugada.
Ya empuñé mi tristeza, amor,
y me he despedí, aunque doliera,
de las cosas incorpóreas
que alcanzaron a nombrarnos.
Dije adiós, amor, y sin hacer maletas,
he retomado el camino, y sonriendo
agito la gaviota blanca de mi pañuelo.
Ya no te pertenezco, es cierto,
y he soltado ya tu mano para huir
cómo solo sabe hacerlo un vencido.
Ya he cerrado mi puño, amor, ya palpita
mi corazón en el desierto,
ya se desangra mi pasión en el destierro
Ahora puedo decir que tiembla la punta de mis dedos; ahora que he
olvidado hasta mi nombre puedo nombrar sin resquemores la ciudad donde
soñé por última vez tu cuerpo desnudo. Reías bajo la lluvia de las
cuatro de la tarde, y en mi lengua no cabía otro deseo que lamer la sal
que corre por tu espalda.
Otra vez, como entonces, me he embriagado para adormecer a los lobos oscuros y hambrientos del deseo; otra vez, como antes, me invento un idioma de señas para ciegos, y en esa cifradura del lenguaje muerdo la fruta breve, jugosa, de tu nombre.
Soy un gato, el que con gusto rasguñaría tu espalda, como buen hijo del arrabal bebería en el cuenco de tus labios hasta la embriaguez; en tus ojos de pantera descansan gavilanes, en las huellas que dejas marcadas tras tu paso, duermen apaciguados alacranes.
En esta hora puedo decir que me venciste, que basta cerrar los ojos para imaginarte de pie, desnuda como una Venus morena que surge entre los acantilados del mar de mi deseo.
Falto a mi palabra de no volver a mencionarte: sí, te he vestido con incontables nombres, manantial de llamas, te he desnudado con siempre variables adjetivos, lúbrica cristalería del firmamento, en ti alcanzo a sospechar el espejo que devoró a Alicia y ha de reflejarme en tu mirada de sirena.
Otra vez, como entonces, he llamado a la catedral de la memoria, me arrodillo ante el cuenco salobre de este deseo inagotable, y bebo, con fruición, pero sé que no es tu cuerpo (cae un relámpago en la lejanía, las aves abandonan las copas de los árboles, mi espalda es un gato que se eriza al sospechar el filo de tu uña al acariciarme)
Otra vez, como entonces, me he embriagado para adormecer a los lobos oscuros y hambrientos del deseo; otra vez, como antes, me invento un idioma de señas para ciegos, y en esa cifradura del lenguaje muerdo la fruta breve, jugosa, de tu nombre.
Soy un gato, el que con gusto rasguñaría tu espalda, como buen hijo del arrabal bebería en el cuenco de tus labios hasta la embriaguez; en tus ojos de pantera descansan gavilanes, en las huellas que dejas marcadas tras tu paso, duermen apaciguados alacranes.
En esta hora puedo decir que me venciste, que basta cerrar los ojos para imaginarte de pie, desnuda como una Venus morena que surge entre los acantilados del mar de mi deseo.
Falto a mi palabra de no volver a mencionarte: sí, te he vestido con incontables nombres, manantial de llamas, te he desnudado con siempre variables adjetivos, lúbrica cristalería del firmamento, en ti alcanzo a sospechar el espejo que devoró a Alicia y ha de reflejarme en tu mirada de sirena.
Otra vez, como entonces, he llamado a la catedral de la memoria, me arrodillo ante el cuenco salobre de este deseo inagotable, y bebo, con fruición, pero sé que no es tu cuerpo (cae un relámpago en la lejanía, las aves abandonan las copas de los árboles, mi espalda es un gato que se eriza al sospechar el filo de tu uña al acariciarme)
La casa compartida (versión de prueba para el doble)
Algunas veces lo veo, como si me buscara
entre la niebla del recuerdo.
Luego de algunos intentos desesperados,
vuelve a su rutina de materia condenada
al olvido, coge un fruto, y al morderlo,
el universo estalla como una granada madura
entonces, vuelvo a la casa
donde fuimos uno, y nos miramos
uno al otro en el reflejo del agua
que llena la sala en los días de lluvia
o en el humo denso de la fiesta de San Juan;
me mira como quien termina por encontrar
un viejo retrato en el que apenas alcanza
a reconocerse
no niego que me embarga la envidia
y quisiera el guante de la amnesia
para olvidar su manía persecutoria,
y cierta nostalgia, la de quien acaba de comprender
que entrega a un amigo al polvo,
y algo dentro se nubla, como anunciando el diluvio
entre la niebla del recuerdo.
Luego de algunos intentos desesperados,
vuelve a su rutina de materia condenada
al olvido, coge un fruto, y al morderlo,
el universo estalla como una granada madura
entonces, vuelvo a la casa
donde fuimos uno, y nos miramos
uno al otro en el reflejo del agua
que llena la sala en los días de lluvia
o en el humo denso de la fiesta de San Juan;
me mira como quien termina por encontrar
un viejo retrato en el que apenas alcanza
a reconocerse
no niego que me embarga la envidia
y quisiera el guante de la amnesia
para olvidar su manía persecutoria,
y cierta nostalgia, la de quien acaba de comprender
que entrega a un amigo al polvo,
y algo dentro se nubla, como anunciando el diluvio
Te ha sucedido que después de viajar toda la noche y buena parte del día
bajas del bus en la cuarta terminal de trasbordo, y encuentras largas
filas para comprar el siguiente boleto y nadie sabe de líneas piratas ni
han visto el mar a pesar de su cercanía y entonces decides salir a
explorar los alrededores porque de todos modos ya no llegas hoy a tu
destino y apenas poner un pie en la calle vez con escepticismo un
triciclo que oferta pozol con cacao y al buscar al vendedor no
ves a nadie, y tu paladar saliva por una bebida que se parezca a la que
encontraste muchas tardes en Cinco de Mayo, en la lejana y calurosa
ciudad Coneja, pero el callo de la decepción te dice seguramente será
más parecido al preparado insípido que alcanzó a calmar la sed en la
infernal Villahermosa, y justo cuando estás a punto de reanudar la
marcha aparece el vendedor y sin mucha fe pagas los doce pesos de la
porción, y pruebas y solo alcanzas a decir coño, carajo! Y ese trago
basta para olvidar que no has probado bocado desde la tarde anterior y
te encaminas al corazón de la ciudad, tomas un par de fotografías con tu
celular porque olvidaste la cámara en el departamento que para no
complicarte llamas casa, y al volver a la terminal encuentras mangos con
chile, es decir, otro asalto de los corsarios de la memoria contra el
galeote del paladar?
He dicho tu nombre en cada esquina
del ocaso, en la más pura soledad
como esperando a que llegaras,
a que tu mano dentro de sí guardara
un papel que me nombrase depositario final
de tu espejismo y de tu beso.
del ocaso, en la más pura soledad
como esperando a que llegaras,
a que tu mano dentro de sí guardara
un papel que me nombrase depositario final
de tu espejismo y de tu beso.
Herido en la más leve molécula del desamparo,
hablé de ti en cada plaza pública
en que fui supliciado, culpable de todo crimen,
imperdonable ladrón, corruptor de lo sagrado;
y, lanzando coágulos de sangre por la boca,
me atreví a murmurar tu nombre
para que vinieras,
para que rugieras,
para que me oyeras,
para que tus yemas tocaran
la tierra yerma de mi hueso
Hundido, hecho nudo o bagazo,
materia deleznable, grosera piedra,
¿alcancé a sostener el fuego de tu nombre?
hablé de ti en cada plaza pública
en que fui supliciado, culpable de todo crimen,
imperdonable ladrón, corruptor de lo sagrado;
y, lanzando coágulos de sangre por la boca,
me atreví a murmurar tu nombre
para que vinieras,
para que rugieras,
para que me oyeras,
para que tus yemas tocaran
la tierra yerma de mi hueso
Hundido, hecho nudo o bagazo,
materia deleznable, grosera piedra,
¿alcancé a sostener el fuego de tu nombre?
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