27 jul 2020
Cantinas cerradas en el corazón
Será posible dejar de hablar de uno, poner a un lado lo subjetivo.
Pensar en ti es pensar en mí a tu lado. Digo el sabor de tus cuatro
labios y ya he invocado mi lengua paladeando tu cuerpo. Digo tu calidez y
estoy diciendo la calidez que transmitiste a mi cuerpo en una noche de
invierno.
Se habla para el otro, desde uno mismo, para convencerlo
de volver a inundar una soledad mal planeada. Se tienden trampas,
entonces.
Y a veces, uno mismo cae dentro de ellas.
17 02 2019
Al cerrar la ventana, me percato que en la sala no hay muebles, en mi habitación el bochorno lo colma todo. La calle tiene otro nombre y es febrero en esta sierra veracruzana.
16 01 2019
El Trino se casa mañana, y yo soy padrino, dijo Pollo, vamos, ¿no? Vamos respondió Chendo, el Gato no se opuso. Mota, preocupado se negó. Mi jefa me ha de andar buscando, mejor ya me voy.
Alguien puso esta canción en el reproductor, winamp, barrio de San Mateo, Chilpancingo, el avispero como le decíamos. El año, probablemente sea 2004 o 2005.
Señor Guillermo Fadanelli:
Señor Guillermo Fadanelli: acabo de conocer a Eduarda; con la salvedad que es mayor que yo, y al parecer no ha asaltado ningún mini super, aún.
Señor Harry Haller: acabo de conocer a Armanda, con la salvedad que ella no sabe de ningún espectáculo solo para locos. La entrada a su vida me costará la razón.
Señor Pig: acabo de conocer a Violetta, con la salvedad de que ella no ha conocido Nueva York. Estoy seguro que no seré un mal diablo guardián: seré uno de los peores.
Y así podría seguir, señores...
03 01 2019
También fue el mes de enero, poco más allá de la primera semana, y a todo momento sonaba en mi cabeza un bolero de La Sonora Santanera que dice '... yo sé que eras ajena, que sigues siendo ajena...' con el que mi desgracia inmediata se identificaba plenamente.
Y nada, hoy, 3 de enero de nueve años más tarde, acabo de leer la tercera entrega de Belascoarán Shayne, el detective tuerto que aquella vez me tendió la mano en medio del aguacero.
Que vuelvas a ladrar como el más ferviente de sus amantes infelices.
Que vuelvas a labrar la más presente de tus cicatrices.
28 10 2018
Voy a contarte un chiste negro y malo, carnalito: ¿En que se parecen Cobain, Hemingway y tú? Que los tres son proclives a perder la cabeza. Hahaha
Yo sé que tu humor extraño si te dejaría reírte, pinche vato.

10 06 2018 / Sobre la lengua y la memoria
El yo pasado, lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu. Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos —esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón—. Dante diría per il lago del cor [José Ortega y Gasset: El espectador, II, “Azorín: primores de lo vulgar”].
Seguramente estoy equivocado. Hace
bastante tiempo que no lo practico, y es muy probable que algún vocablo,
al evocarlo, se me extravíe o se me confunda.
Pero venía
conduciendo y de pronto recordé la última ocasión en que pude hablar con
mi abuela, acaso unos meses antes de que falleciera. El Alzheimer la
mantenía en un mar picado de recuerdos en el que ella confundía con
facilidad los nombres, los rostros, y las épocas. Podía sostener una
charla en apariencia lúcida, y al momento siguiente preguntar por alguno
de sus hermanos muertos, cuando la orfandad los acunaba en una infancia
poco más que trágica. Hacía tiempo que había dejado de fumar sus
cigarros gratos en el breve patio de su casa tal como era su costumbre: a
solas, casi a escondidas, acaso en la complicidad de algún nieto.
Era diciembre y llegué al pueblo el veinticuatro. Ese mismo día, en la
cena, la vi. Le pregunté por las ferias a donde íbamos a vender velas de
parafina, por las largas procesiones que habíamos presenciado cada año,
en cada feria, las largas horas despachando las mercancías y las
interminables noches en que la lluvia amenazaba con destrozar nuestros
puestos hechos con horcones, tablas y enormes manteados. De todo me dio
constancia, y agregó muchos detalles.
Seguramente la plática se
hubiera prolongado mucho más tiempo, pero un detalle vino a sembrar el
fin de la plática, a saber: tanto platicar le despertó la curiosidad y
me preguntó, en náhuatl, en su lengua, en la lengua que siempre usamos
para comunicarnos con ella, quién era yo, y si acaso había trabajado en
algún momento con su marido. Le respondí afirmativamente, y estaba por
retomar la charla cuando una de sus hijas le llamó la atención y quiso
decirle quién era yo.
Haré un paréntesis para abundar en lo
siguiente: aunque no es grato ver el olvido en los ojos de alguien tan
querido, me pareció superfluo obligarla a recordar, perdida como estaba,
o divagando en un oleaje de recuerdos que la perseguían desde hace una
vida, y no por decisión propia, sino por una enfermedad que le
arrebataba la lucidez y el sosiego. Sé por las charlas que sostengo con
mi hermana, que le era difícil conseguir la calma, y por lo general su
estado era de permanente angustia. Agregarle la exigencia de recordar a
cada persona, en su época correspondiente, en un momento en que parecía
gozar de tranquilidad, aunque no estuviera en el mismo momento en que
estábamos los demás, se me figuró un ejercicio de tortura terrible, y
por ello me excusé de emplearlo.
Tratamos de seguir con el diálogo
interrumpido, pero ya su paz se había quebrado y comenzaba a exigir el
retorno a su casa. Alcancé a notar que mi tía la llamaba aparte, y algo
le decía. Acto seguido, la pequeña figura de doña Ana volvió a donde yo
estaba sentado, y me llamó por mi nombre. ¿Eres tú? me dijo. Xnetsjiove,
se disculpó, xotimitz elnamik.
Perdóname, no te recordé, fue lo que
dijo, y se dirigió a la salida, a la calle, para volver a su hogar. Mi
hermana y mi madre la siguieron para acompañarla.
Hasta ahí el
recuerdo. Sin embargo la evocación de esa noche me llevó a pensar en el
significado de esa palabra, elnamikilis, recordar. Cualquiera sabe que
la palabra en castellano se refiere a reconectar algo con el corazón,
aunque Ortega y Gasset da una definición sublime, que he puesto al
inicio de este amasijo de palabras.
En nahuatl, eltepan, elpantli se
refiere al pecho como tal, aunque ambas son palabras compuestas.
Eltepan, va conformada de 'el' y 'tepan'. Pecho y muro, respectivamente.
para Elpantli, casi diríamos lo mismo, pues pantli es otra forma de
nombrar un muro. Entonces al decir eltepan, o elpantli, decimos 'el muro
del pecho', casi como si el 'el' se refiriera a una cuestión metafísica.
Ahora, volviendo a la palabra que me llevó a divagar, Elnamikilis,
lleva el mismo radical 'El', que se refiere al pecho, y el verbo
'namikilis' que se refiere a un encuentro, a encontrarse con algo,o con
alguien. Quien recuerda, en náhuatl, y lo hace patente en la palabra,
dice que se produce un reencuentro en su pecho, en ese sitio donde se
guarda el corazón con todo su simbolismo y su semiótica. Entonces, mi
abuela, al final de esa última plática que tuvimos, alcanzó a decirme
que no me encontró dentro de su pecho, que al interior de su pecho no supo ir a mi encuentro, y que por ello se disculpaba.
Hoy, que sin querer he salido a su encuentro, escribo estas líneas.
20 04 2018
Ahora mismo, he buscado esta canción, y justo al pegarla aquí, he estado a punto de llamarte. Un impulso, tú sabes. Uno se distrae escuchando los primeros acordes de la rola y ya está echando la imaginación a volar. Pienso en una chica que me gusta sobremanera, en los buenos tragos que compartimos en los cuartos mal construidos de Taxco, en los pulques sabatinos de los tianguis de la periferia de Texcoco, de los fantasmas que te recibieron siempre de buen modo en la casa de Acatlán. Una distracción imperdonable, hermano.
Apenas se había generado la intención y ya estaba recordando que a estas alturas no he tenido la entereza de ir a despedirte.