27 jul 2020
Piedras heridas es un poema de Eusebio Rubalcaba al que siempre trato de volver. Lo
leí por primera vez en un soleado patio de Taxco de Alarcón, en las
primeras horas de mi onomástico número 21, me parece. Tenía suficiente
mezcal a la mano, en esos días en que beberlo era casi un sinónimo de
aberrante indigencia, y yo le profesaba una devoción incuestionable a su
fuego. Ana y Gilberto dormían en su habitación de jóvenes ansiosos de
alcanzar el pináculo de sus respectivos oficios de artistas, y no
sospechaban la borrachera monumental que se avecinaba.
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