Piérdanle el respeto a la literatura, chingada madre!
Dejen de
mirarla como si mirasen a un santo en el retablo, hipócritas. No miren a
otro lado, como si vieran de pronto las bragas de vuestra madre en un
lugar inesperado, sosténganle la mirada, no agachen la cabeza.
Basta! Le rinden pleitesía a un cuerpo que quieren devorar, pues
devórenlo, sin miedo, dejen a un lado la vergüenza, arrójense a su fauce
abierta...
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