27 jul 2020

03 01 2019

A principios del 2010, huyendo de mí mismo, encontré la vena policíaca de Taibo. Durante cuatro días se convirtió en mi lectura de las mañanas, que aderezaba con poesía que ya olvidé. Por las tardes el tiempo se me iba en buscar sitios altos para tomar fotografías, arrobarme ante el paisaje de Itzanktun y suspirar por el amor perdido.
También fue el mes de enero, poco más allá de la primera semana, y a todo momento sonaba en mi cabeza un bolero de La Sonora Santanera que dice '... yo sé que eras ajena, que sigues siendo ajena...' con el que mi desgracia inmediata se identificaba plenamente.
Y nada, hoy, 3 de enero de nueve años más tarde, acabo de leer la tercera entrega de Belascoarán Shayne, el detective tuerto que aquella vez me tendió la mano en medio del aguacero.

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