Hay ratos, mi buen Gilberto, que llegas, no al recuerdo, más bien como
una presencia viva, como si estuvieras en Morelia tal vez, o en tu casa
de patio minúsculo en la Apenas del Sur que tanto querías y
despreciabas.
Ahora mismo, he buscado esta canción, y justo al
pegarla aquí, he estado a punto de llamarte. Un impulso, tú sabes. Uno
se distrae escuchando los primeros acordes de la rola y ya está echando
la imaginación a volar. Pienso en una chica que me gusta sobremanera, en
los buenos tragos que compartimos en los cuartos mal construidos de
Taxco, en los pulques sabatinos de los tianguis de la periferia de
Texcoco, de los fantasmas que te recibieron siempre de buen modo en la
casa de Acatlán. Una distracción imperdonable, hermano.
Apenas se había generado la intención y ya estaba recordando que a estas alturas no he tenido la entereza de ir a despedirte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario