Apenas desconocida, sólo sé de ti el tono de la voz, los juegos con que
tratas de seducir al azar, un par de guiños cómplices y la cereza de tu
nombre.
Nada tengo que me lleve a ti sino el anhelo, el riel
difuso del deseo; nada, apenas una sucesión de números, y el caballo
desbocado de la imaginación cabalgando ciego hacia tu sueño.
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