27 jul 2020

17 02 2019

Huele a noviembre. El viento sacude las ramas de los árboles, inquieta a los perros callejeros. Me asomo a la ventana del segundo piso, veo el patio de mi casa con sus ficus llenos de zanates, su limonero y su bugambilia de colores; por la calle Álvarez, pasa un conocido.
Al cerrar la ventana, me percato que en la sala no hay muebles, en mi habitación el bochorno lo colma todo. La calle tiene otro nombre y es febrero en esta sierra veracruzana.

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