Hay días así, que hacen falta las palabras,
la más elemental de las fonéticas
en el salto perpetuo a las fauces del vacío,
para gritar un nombre, la más fina hebra de cordura,
el mas leve atisbo de horizonte despejado
en esta bruma que cubre los ojos, las manos, todo;
y uno está, frente al polvo, tratando de recordar
sus oraciones, ebrio, violento, rencoroso,
oficiante de la escuálida tristeza,
cabizbajo y taciturno,
receloso del espejo, lastimado en el amor ajeno,
grotesco, avergonzado de sí mismo,
ornamento de las horas,
sangre y nervio, carne hecha jirones, bulto al agua,
16 mar 2017
todo este boxeo de sombra,
la carótida que colapsa en el cenit,
atrofiada de memorias,
esta persecución de bestias interiores,
este tropezar con las estalactitas
que acoge el torax hace eones,
la salina descomposición que les da forma
y en cada partida las acerca, afiladas,
al pulmón, a las arterias, a obstruir
el desgarre bucal; este desierto,
las formaciones rocosas en la espalda
erosionada por el sol y por el hielo
la carótida que colapsa en el cenit,
atrofiada de memorias,
esta persecución de bestias interiores,
este tropezar con las estalactitas
que acoge el torax hace eones,
la salina descomposición que les da forma
y en cada partida las acerca, afiladas,
al pulmón, a las arterias, a obstruir
el desgarre bucal; este desierto,
las formaciones rocosas en la espalda
erosionada por el sol y por el hielo
todo este deseo acumulado, henchido de perros
bravos, esta herida permanente en el costado,
este paso trastabillante por la penumbra
de la casa, esta mano desarmada,
este mordiscar las horas para salvarse
de la inanición, para no abrazar la cordura
bravos, esta herida permanente en el costado,
este paso trastabillante por la penumbra
de la casa, esta mano desarmada,
este mordiscar las horas para salvarse
de la inanición, para no abrazar la cordura
no habrá metáfora que describa
el lento trasegar del mecanismo,
los fuelles del corazón. no hay palabra
que describa el vuelo de un ave
transparente y oscura
(corta su pico el aire del verano, dardo
envenenado, hacia el infinito
-yo sé que caerá antes de alcanzar
su objetivo-)
el lento trasegar del mecanismo,
los fuelles del corazón. no hay palabra
que describa el vuelo de un ave
transparente y oscura
(corta su pico el aire del verano, dardo
envenenado, hacia el infinito
-yo sé que caerá antes de alcanzar
su objetivo-)
la caída del agua en los confines del universo
es un paisaje imposible, así
las púas que coronan esta sangre de gigante
es un paisaje imposible, así
las púas que coronan esta sangre de gigante
Soneto XCIX
¿He de volver a ser materia viva, este conjunto
amorfo de entropías, la misma sangre y el cúmulo
de fuegos que mi ser consumen? ¿Seré el lúpulo
o la cizaña que inunde el campo, el nuevo difunto
de futuros días, habré de ser otra vez roca, nulo
follaje, o el andamio de un castillo? ¿Qué, pregunto,
habré sido en otras horas? ¿La carta sin asunto,
que habló de amor, el enemigo al que estrangulo?
Si he sido polvo humilde, si hierba altiva, torpe metal,
¿importará a la postre, a los escribas, al infinito
paso de los días sobre los días, hará mella fatal
a lo que he sido y lo que malamente llevo escrito?
¿Será mi huella, visible entre el extraordinario panal
del universo, o me devorará la nada, el infinito?
amorfo de entropías, la misma sangre y el cúmulo
de fuegos que mi ser consumen? ¿Seré el lúpulo
o la cizaña que inunde el campo, el nuevo difunto
de futuros días, habré de ser otra vez roca, nulo
follaje, o el andamio de un castillo? ¿Qué, pregunto,
habré sido en otras horas? ¿La carta sin asunto,
que habló de amor, el enemigo al que estrangulo?
Si he sido polvo humilde, si hierba altiva, torpe metal,
¿importará a la postre, a los escribas, al infinito
paso de los días sobre los días, hará mella fatal
a lo que he sido y lo que malamente llevo escrito?
¿Será mi huella, visible entre el extraordinario panal
del universo, o me devorará la nada, el infinito?
no me salves, poesía: apresura mi caída,
muerde mi carne, desgarra con tu tímida furia
cada jirón, cada músculo expuesto; rómpeme
los huesos; poesía: arrójame por el desfiladero,
que nada mío quede sobre las piedras,
que no haya humedad malsana fermentando
el oscuro cuchicheo del recuerdo.
muerde mi carne, desgarra con tu tímida furia
cada jirón, cada músculo expuesto; rómpeme
los huesos; poesía: arrójame por el desfiladero,
que nada mío quede sobre las piedras,
que no haya humedad malsana fermentando
el oscuro cuchicheo del recuerdo.
Que nada te lleve a colocarme un nombre
y una fecha, poesía, que todo lo que ahora
me nombra vuelva a abrazar su condición
de perpetua ceniza, de polvo destinado al polvo
y una fecha, poesía, que todo lo que ahora
me nombra vuelva a abrazar su condición
de perpetua ceniza, de polvo destinado al polvo
Aquì estoy, poesía, atizando la lumbre de tus ojos,
con la piedra en la mano apunto a tu ventana,
ya he rayado tus paredes de antigua catedral,
bebí del vino que usaste para santificar la noche
y sus escombros, el agua que usaste, poesía,
para salvar al hombre de su cordura, el agua
con que hiciste brotar el insomnio de la humanidad
para que viera su caída: pero yo la he derramado.
Aquí me tienes, cerrado de palabras, ciego, desnudo
desde el talón hasta la lengua, rogándote
que me desgarres, que no me sueltes
aunque el alba se llene de quejidos
con la piedra en la mano apunto a tu ventana,
ya he rayado tus paredes de antigua catedral,
bebí del vino que usaste para santificar la noche
y sus escombros, el agua que usaste, poesía,
para salvar al hombre de su cordura, el agua
con que hiciste brotar el insomnio de la humanidad
para que viera su caída: pero yo la he derramado.
Aquí me tienes, cerrado de palabras, ciego, desnudo
desde el talón hasta la lengua, rogándote
que me desgarres, que no me sueltes
aunque el alba se llene de quejidos
este andar castrado, desangrado por la calle
mordiendo el polvo, las esquinas del sosiego;
este montar la yegua del desespero, enmudecido,
abrazar las baldosas, lamer el fango,
mirarlo todo, marchándose, a todos,
con el tropel de las palabras anudado en la garganta,
este querer decirte que te quedes, que conjuremos
para siempre la distancia, este querer coger la mano ajena,
prometer lo imprometible, urdir una mentira piadosa
que vuelva a salvarlo todo de la caída,
este buscar maderos para el salvamento,
asir los brazos con la nada, hacer el equipaje de la ilusoria
tarde que se aleja, este querer gritar su nombre,
decirme desde mi boca 'no te vayas', volver los ojos,
entornados, a la límpida tarde del deseo,
abrazarse a la ternura apenas descubierta,
este decir que algo hace falta en el pecho,
este silencio contundente como el mazo de dios
sobre mi lengua, este morir a solas, sin mi voz entumecida
mordiendo el polvo, las esquinas del sosiego;
este montar la yegua del desespero, enmudecido,
abrazar las baldosas, lamer el fango,
mirarlo todo, marchándose, a todos,
con el tropel de las palabras anudado en la garganta,
este querer decirte que te quedes, que conjuremos
para siempre la distancia, este querer coger la mano ajena,
prometer lo imprometible, urdir una mentira piadosa
que vuelva a salvarlo todo de la caída,
este buscar maderos para el salvamento,
asir los brazos con la nada, hacer el equipaje de la ilusoria
tarde que se aleja, este querer gritar su nombre,
decirme desde mi boca 'no te vayas', volver los ojos,
entornados, a la límpida tarde del deseo,
abrazarse a la ternura apenas descubierta,
este decir que algo hace falta en el pecho,
este silencio contundente como el mazo de dios
sobre mi lengua, este morir a solas, sin mi voz entumecida
Pero quién, en qué hora malsana puede,
despojado de sí mismo, sin pie de duda,
llamarme por mi nombre, decir que se acerca
el gran ignorador, quien todo lo ha consumido,
quien ha muerto en cada ocaso, a cada instante,
yo, el gran insolente, que de todo ha escapado,
que no responde a recuerdo alguno,
que nada ha guardado en el cuenco de la mano,
que todo lo ha perdido, que se ha roto la voz
en los meandros del fango y de la noche
despojado de sí mismo, sin pie de duda,
llamarme por mi nombre, decir que se acerca
el gran ignorador, quien todo lo ha consumido,
quien ha muerto en cada ocaso, a cada instante,
yo, el gran insolente, que de todo ha escapado,
que no responde a recuerdo alguno,
que nada ha guardado en el cuenco de la mano,
que todo lo ha perdido, que se ha roto la voz
en los meandros del fango y de la noche
Bien, alta es la noche y larga la caída de la carne.
Es hora de aceptar que no hay críptica palabra,
la claridad del agua, poner a un lado, sobre la mesa,
las elucubraciones, el ideal:
hay que salir a la calle, abrazar la locura.
Fuegos que no incendian el ojo,
qué necedad calentarse en ellos,
qué obtuso el deseo de reducirse a ceniza,
entre sus lenguas.
Hay que aceptar la claridad, abrevar
la savia amarga del mensaje
que sin remitente, grita el nombre propio
y esta indefensión de espíritu, este bogar entre los días,
madero entre las olas, inútil para salvar el más escuálido
cadáver de un naufragio, esta certeza de estar de brazos abiertos
frente a la tempestad, el pecho abierto, tembloroso
a las saetas enemigas, esta certeza de irse extinguiendo,
de precisar más que una mano, este asistir al lento funeral
de mi osamenta, este mirar parsimonioso la caída,
el inexplicable derrumbamiento de la casa
madero entre las olas, inútil para salvar el más escuálido
cadáver de un naufragio, esta certeza de estar de brazos abiertos
frente a la tempestad, el pecho abierto, tembloroso
a las saetas enemigas, esta certeza de irse extinguiendo,
de precisar más que una mano, este asistir al lento funeral
de mi osamenta, este mirar parsimonioso la caída,
el inexplicable derrumbamiento de la casa
3 mar 2017
noche en una casa a oscuras
pongamos las cosas fáciles:
aquella mano que cogió mi mano
toca otra espalda en esta hora
otro aliento le roba el aliento
a la boca que besó mi boca
otro paisaje deslumbra el sol
que en otras horas iluminó esta senda
aquel sudor que compartimos
lo sudan otros cuerpos
pero esta mano, esta noche
insiste como siempre en recordarte
aquella mano que cogió mi mano
toca otra espalda en esta hora
otro aliento le roba el aliento
a la boca que besó mi boca
otro paisaje deslumbra el sol
que en otras horas iluminó esta senda
aquel sudor que compartimos
lo sudan otros cuerpos
pero esta mano, esta noche
insiste como siempre en recordarte
cómo te digo, uno sostiene la nostalgia
como una bandera ondeando al sol,
muchachito bien portado, merecedor
de altas notas en el aula de la decadencia,
abanderado en la escolta de los perdedores
como una bandera ondeando al sol,
muchachito bien portado, merecedor
de altas notas en el aula de la decadencia,
abanderado en la escolta de los perdedores
firme y bajo la lluvia de los recuerdos,
uno espera la orden marcial,
el verso redoblado y el paso a la ebriedad
uno espera la orden marcial,
el verso redoblado y el paso a la ebriedad
la nostalgia, manta descolorida, ondea
sobre todas las cosas, lo eclipsa todo;
este largo conversatorio a solas
es el himno que le cantan las golondrinas
a un paso de la partida inminente
sobre todas las cosas, lo eclipsa todo;
este largo conversatorio a solas
es el himno que le cantan las golondrinas
a un paso de la partida inminente
queda vino en la despensa, melancolía
el acero que esgrimo para combatirte, hija de perra,
el fuego que alimenta la forja de mis heridas:
no podrá tocarme tu beso rutilante
largo, largo, estoy en mi barcaza,
he cogido un pez enorme;
lo devorarán los tiburones,
pero te habré vencido
el fuego que alimenta la forja de mis heridas:
no podrá tocarme tu beso rutilante
largo, largo, estoy en mi barcaza,
he cogido un pez enorme;
lo devorarán los tiburones,
pero te habré vencido
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