Hay días así, que hacen falta las palabras,
la más elemental de las fonéticas
en el salto perpetuo a las fauces del vacío,
para gritar un nombre, la más fina hebra de cordura,
el mas leve atisbo de horizonte despejado
en esta bruma que cubre los ojos, las manos, todo;
y uno está, frente al polvo, tratando de recordar
sus oraciones, ebrio, violento, rencoroso,
oficiante de la escuálida tristeza,
cabizbajo y taciturno,
receloso del espejo, lastimado en el amor ajeno,
grotesco, avergonzado de sí mismo,
ornamento de las horas,
sangre y nervio, carne hecha jirones, bulto al agua,
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