Viajar, devorar kilómetros, revivir el horror
de cerrar los ojos antes del estruendo,
la sangre impregnándolo todo con su beso,
el dolor en la osamenta, los maxilares
negados de apertura, la pesadilla
que llega como viejo conocido
a tomarme la mano, a besar mi frente,
que sonríe antes de abrir la puerta,
que me muestra en una cadena infinita de repeticiones
el caos, los yerros, la vergüenza
y las farsas
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