18 mar 2017

Réquiem I

Por las interminables horas disertando sobre nada,
por el cine compartido, el alcohol que iluminó la casa
en tus visitas, por el sitio que ocupabas, por la escasa
aunque feroz divergencia cotidiana, por la añorada
vuelta al terruño detestado, por la locura de 'la raza',
por los barrios míticos que te forjaron, por la esforzada
subida al Sinaí particular, por las largas caminatas
compartidas del insomnio, por el fuego que te abrasa-
ba el pecho, por los velados fotogramas, el inexperto
pulso ante el paisaje, por el afán de cocinar historias,
por el delirio y por la tarde en que el fraterno juramento
pudo darse: diez años pasarán sobre nosotros; la gloria
o el infierno habitaremos. Más han pasado, y ahora cuento,
que si partiste, perpetua y terca te retiene esta memoria.

 II
Vendrán los callejones, repetidos, a nombrarte;
dirán, 'aquí posó su escueta huella', y sin embargo
habrán de olvidar el rostro tuyo. En el amargo
vaso de la tarde habrá pomelos. Quien abarcarte
quiera deberá cruzar el fuego que cruzaste,
las largas noches y los interminables días
de tu calvario. Fuego y pincel, telas, gubias,
prensa, tinta, papel, el verdugo que forjaste.
Las calles recorridas, el alcohol, aquel poema
que escribiste, consternado; las cartas escritas
por tu mano, y por ella arrojadas al fuego;

el horror del insomnio, y tras el procaz enigma
del breve sueño, el horror, las contraídas
deudas con el abismo. El inagotable juego.

III
Ahora mismo hago el recuento de la música
tuya, el soundtrack necesario en tus oídos:
britpop primero, metal, más de un corrido,
nirvana era infaltable, the cure, la tropical
allá en el barrio; rock urbano y progresivo,
rupestre aciago, Julio Revueltas, bíblica
colección la que guardabas. La cuca,
El Haragan, y Lacrimosa. Cornelio y Silvio
algunas veces. El rap, los balcanes, hasta el glam,
los armadillos. En otro altar cupo Hector Cárdenas
y su mezcal matutino en 'el descanso' compartido.
La carcajada y el estruendo, el albur era el imán
para el festejo carnalesco en todas las cantinas.
¿Quién cantará que para siempre te has perdido?

 IV
Otro mezcal degustaremos esta noche.
Nos hemos exiliado de la luz diurna,
de sus agudas extensiones: la luna
y el fuego en candelabros. El fantoche
espectro del pasado, serio nos acusa;
hemos vivido al borde, sin reproche,
con la duda en la quijada, el descorche
en el ocaso y el pellejo en la difusa
hora del relámpago. El largo enero
que nos guarda se eclipsa ante la nada.
Otra noche será bebiendo el desespero
de esta vida: la memoria, mujer brava,
viene espoleando el tímido sosiego.
Vuelvo a posar mi mano en esta llama.

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