porque se está, envejecido y solo, enloquecido y roto,
indefenso desde el pecho hasta el talón aquíleo,
abierto de brazos como dique abierto, dispuesto
a inundarlo todo con la sangre; por eso abraza uno
el delirio y sus fugaces rosas, como a hijos ciegos
les prodiga sus cuidados, a tropezones, a desaforadas
dentelladas. Porque la carne se hincha bajo el agua,
porque no hay modo de hacerse salvo, lleno
de humillación y rencorosa palabra, carnívoro
y lascivo, hijo indeseado de la madrugada,
perro de presa, carroñero.
¿y el deseo y sus espejos empañados, en qué mercado
hace su despensa de cuerpos desvecijados,
de manos, piernas, espaldas sudorosas,
de corazones desenvainados, palpitantes
como espadas en una guerra perpetua sin vencedores?
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