hay algo en la coloración del ocaso que me recuerda los ojos de los animales muertos,
apilados a la orilla de la carretera, nauseabundos, dramáticos en su silencio
de milenarias bestias echadas a reposar,
algo hay en la línea intermitente del horizonte, que se oscurece
paulatino, que lo decolora todo, que devuelve al mundo su condición
de silenciosa espuma, de carne dispuesta a alojar
cada gusano que se acoja a su putrefacción,
a cada acero que se ofrezca a ornamentar sus jugos
algo hay en esta mano vacía que viaja a otra mano vacía
sobre la tela suave de la noche,
algo que vuelve a nombrar los miedos y las calles,
que resuena como el agua de un río que corre,
desesperado, en contra de sí mismo, angustiado
de desembocar en el mar salado de la muerte,
una tonada que repite nombres, que los siembra sobre el yermo
No hay comentarios:
Publicar un comentario