este andar castrado, desangrado por la calle
mordiendo el polvo, las esquinas del sosiego;
este montar la yegua del desespero, enmudecido,
abrazar las baldosas, lamer el fango,
mirarlo todo, marchándose, a todos,
con el tropel de las palabras anudado en la garganta,
este querer decirte que te quedes, que conjuremos
para siempre la distancia, este querer coger la mano ajena,
prometer lo imprometible, urdir una mentira piadosa
que vuelva a salvarlo todo de la caída,
este buscar maderos para el salvamento,
asir los brazos con la nada, hacer el equipaje de la ilusoria
tarde que se aleja, este querer gritar su nombre,
decirme desde mi boca 'no te vayas', volver los ojos,
entornados, a la límpida tarde del deseo,
abrazarse a la ternura apenas descubierta,
este decir que algo hace falta en el pecho,
este silencio contundente como el mazo de dios
sobre mi lengua, este morir a solas, sin mi voz entumecida
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