22 mar 2017

Contigo hablo: con la sólida palabra de tu boca.
No hay vacío en el silencio, hay interpretaciones.
Pero yo no sé traducir las palabras que se aquietan,
que se anudan en el cúmulo de horas y largos días,
ignoro la trasmutación de la palabra.
Tal vez pueda decir en mi defensa lo siguiente,
mi mísera palabra, carente de ornamentos,
cruda como un cadáver al medio día,
opaca, deslustrada de adjetivos, simple:
no hay más que el trasegar de una bestia por la casa,
a la espera de una presa, o la caída de los muros,
jadeante, recelosa, hambrienta, la famélica bestia
hurgando por un hueso, el más leve jirón de carne;
no hay mucho por decir, sinceramente, que el agua
me llega al esternón, y busco el desgarre,
la mandíbula de tu presencia que descoyunte el hueso,
que haga brotar la sangre, que abra los precipicios
para la caída, la impaciente y anhelada caída permanente

No hay comentarios: