Era el letrero inaugural de mis dieciséis; aún era una ciudad pequeña, amable en sus avenidas. Sin embargo, como toda ciudad, debió crecer, desarrollar la industria, los servicios básicos y el abastecimiento popular sin olvidarse de las obras de drenaje. El tráfico creció con ella. El crimen y el terror.
En algún momento aprendió a ofrecer delicados espejismos a sus visitantes. Por lo general es una zona de guerra, plagada de cadáveres, trincheras y cráteres dejados por obuses enemigos. Si miras al horizonte, a cualquier horizonte posible, es más que probable que alcances a ver columnas de humo elevándose, y que un olor a sangre te llene las narices.
En algún momento aprendió a ofrecer delicados espejismos a sus visitantes. Por lo general es una zona de guerra, plagada de cadáveres, trincheras y cráteres dejados por obuses enemigos. Si miras al horizonte, a cualquier horizonte posible, es más que probable que alcances a ver columnas de humo elevándose, y que un olor a sangre te llene las narices.
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