3 may 2023

 

se me prendió el castilla a la palabra
y todo mi enunciar del mundo
o su poquita cosa vista de mis ojos
se me enrolló sin alharaca
a la garganta y ahí dió su fruto
quiero decir entonces que no es queja
ni amargo recelar lo hablado
apenas atarle un adjetivo a esto ajeno
que sin embargo de tanto y tanto
tremolar su verbajal y sus silencios
me hormó a pesar mío la voz
y los decires con que digo que me soy
esto que sin ser mío me puse camisa ajena
y salí al baile y ya no supe de lo que propio puse
en a un ladito como esperando mejor tiempo
como al descuido como quien no quiere la cosa
y ahora me digo tengo que encontrala
 
2022/12/03

 

¿Quién cantará mi desventura,
mi agonir sin pausa ni sosiego?
¿Quién en el beso me hará fuego,
vano carbón, ceniza oscura?
 
¿Quién me dará lo que hoy entrego,
la palabra gris, la paz y la cordura?
¿Volveré a pastar en la amargura,
feliz entre lo amargo, sin sosiego?
 
¿Quién me dirá que fui retrato
de mi padre, casi un espejo?
¿Quién me hablará del corazón
 
que ya perdí (me queda un gato),
perdido como voy entre vencejos,
ladrando de migraña y depresión?
 
2022/11/22

Sonetos pa rellenar las caries al olvido

 

soñé la rosa y desperté en la espina,
dolido el esternón y la costilla:
el huesadal torcido, todo astilla,
sangrado y moribundo entre la ruina;
 
borracho y sin dinero en la cantina
canté sin afinar lo que me trilla,
lo que me saja el pecho y lo agavilla:
la sospecha de ti tras cada esquina;
 
soñé el placer y desperté en el frío,
tu sombra vi llegar y era espejismo,
también tu voz, espejo del abismo,
 
fantasma de mi sueño, eco vacío;
quise soñar que no soñaba, necio:
dolido de añorarte pago el precio
 
2022/11/20

 

Amé tu sombra primero
sin saber tu melodía.
Amé tu sombra en enero
Porque mayo me dolía.
 
En el río lavé mis penas,
en el amel mi quebranto
y a un lado del camposanto
me bebí unas nochebuenas.
 
Andaba solo, te digo, solo
con mi sangre a cuestas
con solo las ropas puestas
y la querencia sin dolo.
 
Yo no me quería perder
en tus ojos contrabando.
Yo no te quería querer
pues andaba naufragando.
 
Y aquí me tienes ya ves
cual borrego en matadero:
en mi pecho está tu acero,
y mi yo entero a tus pies.
 
2022/11/10

 

soñé que me crecía, por dentro,
la sarna del olvido,
que de a poco se extraviaron
de mi habla algún recuerdo
tres formas de nombrar la misma cosa
y el dolor de la primera herida
 
soñé que todo se iba yendo
como si de pared que descascara
se tratase
primero la pintura,
después por el repello
y finalmente el adobe mordido
de aguaceros y de viento
 
y así se fue alejando
palabra por palabra
aquel sonido del mar o de febrero,
el olor parafinal de aquella casa
que no era mía pero era mía,
de los manjares que a la muerte me esperaban,
 
y así fue que fui olvidado
de tan, sin darme cuenta, haber perdido
memorias del que fui cuando fui chico
y no supe volver a aquel paisaje
 
2022/11/07

 

en cada forma de la tarde
soñé sin mí la agrietadura
el hosco laberinto de la herida
soñé romperse el agua o la sed
o la palabra puesta en sombra
y hecho ladrido desperté
sin más gruñido que nombrarte

2022/11/06

 

no vino por mí la flaca
la esperé toda la noche
sin dormir, muy preocupado
 
quién me iba decir, calaca,
que traibas tu tololoche
y yo en balde desvelado
 
que andabas de fiesta en fiesta
cantando penas de amores
¡cerveza en mano, señores!
 
bailando andabas, funesta,
todo en ti era risa y apuesta;
y uno aqui entre petricores
 
sin saber tu paradero,
sin saber de tus andanzas
rosarios conté, y alabanzas
 
al dios más viejo y más fiero
yo que te quise primero
con velos y contradanzas
 
yo que te quise primero
con el corazón desnudo
fui el último, no lo dudo,
 
en tu listado postrero.
El último y así te quiero
con el corazón en nudo
 
2022/11/01

 

tu nombre resuena entre las cosas que me son más queridas
tu ausencia arde entre las cosas que son más que heridas

 

¿qué fue de mí, de aquel feral mocoso
que soñó, sin conocerlo, todo el mar
con sus ocasos, su oleaje y su bramar
como de abismo o de infinito foso?
 
¿será que muerto o viejo de naufragar
pervive, arena o polvo silencioso?
¿será que tuvo, para sí, un glorioso
instante de lucidez en altamar,
 
antes del fin? ¿será esto que me sostiene
-el huesadal, la piel curtida en llagas-
sombra o rescoldo perdido de mi infancia,
 
o espejismo cruel, que del sueño viene
a despreciar cada palabra vaga
que brote de mi boca fruta rancia?
 
2022/10/01

 

por tejerle bufandas a la sombra
por soñar con el beso del olvido
por lamer las suturas de lo herido
por gritar al vacío que me responda
 
por tender la mano hasta al insomnio
por los frutos que mordió mi boca
por el veneno que ya nada provoca
por hacer de mi palabra manicomio
 
por ladrarle de hambre al viejo viento
por sembrarle jardines a lo oscuro
por andar en la luz como en lamento
 
por quebrar los espejos al futuro
por apostar y perder hasta el aliento
por danzar en el fuego sin apuro
 
2022/09/23
 

 Toc, toc.
- ¿Quién es?
- Soy la nostalgia

 

Se me trepó al lomo la nostalgia
como un chamaco que estuviera agazapado
a la espera de un incauto
me saltó de pronto y se aferró
al asidero de mi espalda
en vano sacudí el esqueletaje
en vano reparé cual toro herido,
en vano rodó mi humanidad sobre la piedra
de nada me valieron amenazas
promesas dulces de dulce amor
ái traigo al lomo la nostalgia
pesada y bien asida, como si mecapal
trajera desde el monte, o madera
verde para secar en casa
y me da tal rascación del cuero
que es como tener bien dentro
el nacidero de bichos garrapatas
pero no es más que el muchacho
ese muchacho sin ley de la nostalgia
 
2022/09/22

 

que fui, sin luz, mi propia sombra
atento al estallido de la flor,
a todo resquebrajamiento de la flama
porque creí en lo frágil,
en las cosas deformadas por el tedio,
con la fe del que espera el regreso
de un dios cuyo nombre se parece
al silencio o a la lluvia de septiembre
(todo se estruenda, pero el silencio
es grande entre los muros
donde se oculta el hombre, animal)
que me rompí los huesos de la calma
y silencié lo llaga, lo quemadura
lo de hambriento animal que desde adentro me persigue
 
2022/09/18

 

Padre
si digo que sangro desde ti
hasta las comisuras del delirio
no es por amarga queja:
es el modo que hallé
para tenderle trampas al olvido
 
y no hay herida, padre,
cuyo dolor sea menos
que mi lengua al dialogar
con tu fantasma sin contornos
un lunes poco antes de la lluvia
 
que no hay acertijo, padre,
en el que hallar tu casa sin numeral
tu extranjería de cambiados nombres
o el cadáver sin cuerpo que ya eres,
desdibujado en la memoria
como un eco oído apenas entre sueños
 
que todo es ruido, padre,
si te nombro: estática radial
o tono de interminable espera;
que no hallo modo
de atrancarle las puertas al caudal
de días y horas y años
que me erosionan el palabraje
que en ti se le enredó al recuerdo
un día de sol frente al mar agitado
de Vallarta
 
que estoy en paz aunque te nombre
aunque sajado de mí mismo
en la querencia y el descuido,
padre, que a diario llueve
y no hay estruendo de corrental
ni ganas de ladrar hasta el suicidio
 
2022/09/17

 

Había una historia en torno a ese kiosco, que algunas veces, sobre todo por las tardes, nos mantenía alejados de él.
Éramos pequeños, recién llegados a la primaria, o a punto de abandonar los juegos del preescolar para internarnos en la jungla terrorífica y salvaje de la educación primaria rural.
Algún mocoso mayor lo habría escuchado de sus familiares, o un primo bromista se habría inventado la historia para asustarlo, y aquel, para sobrellevar o ahuyentar o compartir el miedo, nos lo había contado una tarde después del catecismo, que nosotros llamábamos ir a palomitas porque el blanco era obligatorio algunos días, y al que acudíamos no tanto por la curiosidad de la fe, sino porque algunos días las catequistas nos obsequian con dulces, pero sobre todo porque salvo los días en que el blanco era obligado, que eran dos a lo sumo, y algunos teníamos que cuidarnos de ensuciar esa ropa, salvo severas reprimendas o cintarizas hincados frente al altar familiar, el resto de los días ni siquiera nos acercábamos al área de estudio de la casa cural, y hacíamos de los patios y el atrio de la iglesia nuestro campo de juegos que una vez terminado el horario de catequesis, corridos de territorio sacro, se trasladaba al parquecito y poco a poco se extendía por las primeras cuadras del centro, hasta alcanzar la periferia, o la noche, lo que cayera primero.
Así que seguramente esa tarde fuera de ropas blancas y de llevar cada uno su propia jícara de sirián -pintadas con laca roja, con grecas blancas y dibujos de la fauna o la flora local, dibujos sencillos, hechos por algún artesano del pueblo o de alguna localidad vecina-, en el que las catequistas pondrían nuestra dotación de dulces o galletas de animalitos de las que dábamos cuenta con avidez sentados en la explanada del kiosco ya sin barandas, mientras contábamos chistes o cosas que nos parecias graciosas, o planeábamos la siguiente travesura o las reglas del siguiente juego o, como esa tarde, las cosas e historias que oíamos contar a los mayores.
Fue así que supimos se contaba que durante alguna revuelta, allí mismo, en el sitio donde nos sentábamos a juguetear, la base para cuando jugábamos a las escondidas, habían colgado o ejecutado a varios hombres, cuyas almas habían quedado ligadas para siempre al sitio de us ejecución.
Que cuando empezaba a oscurecer, se les podía ver rondando la explanada del kiosco. Alguna vez soñé que me encontraba con uno de esos ejecutados y nos veíamos fijamente, yo muerto de terror, él, perdido en divagaciones propias de quien enfrenta la eternidad anclado en un sitio que ya no le pertenece, pero sabiendo que tenía la capacidad de llevarme a su lado de un tirón y que nada ni nadie se lo impediría, y yo sabía o intuía o imaginaba que el muerto pensaba en eso y el terror crecía desmesurado en mi cabeza de mocoso de tercer grado de primaria rural. Ninguno de los dos profería palabra o sonido alguno, casi podría decir que incluso me abstenía de respirar, y luego algo interrumpía ese momento de terror casi sagrado, y yo volvía a casa de mis abuelos, angustiado y feliz de haber sobrevivido, a comer una tortilla con sal recién salida del comal, solo para reunir las fuerzas necesarias para volver al campo de juegos.
Alguna vez también imaginé que había visto a un muerto en las escalinatas del kiosko, su sangre bañando cada escalón, bajo un sol radiante de abril, y oia una voz que me siguió durante años decirme que vería esa sangre cada vez que me quedara a solas frente al kiosco, pero aún así comencé a echarlo de menos desde aquella tarde de mi temprana adolescencia en que lo demolieron para siempre, dejando el parquecito del pueblo vacío, chimuelo de construcción, extrañamente extraño.
 
2022/09/15
 
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