1 may 2023

 

Apelemos a un universo alterno, a otra existencia donde pocas cosas cambien, donde sólo cambien las cosas que uno proponga.
En mi caso, diré que Borges no nació en Buenos Aires, Argentina, el 24 de agosto de 1899, pero que su figura pervive del modo en que perviven las historias de los ladrones beatíficos o heroicos. Supongamos que nace unas décadas más tarde, en 1941, en un rancho perdido de México, en el seno de una familia culta caída en desgracia que termina por emigrar a la colonia Buenos Aires, en la caótica Ciudad de México poco después del terremoto del 57.
Supongamos que pasa a formar parte de una pandilla de desvalijadores de autos, cuyas piezas revenden en el mercado negro, sus compinches para pagar algún lujo vano; él, en todo caso, no lo gasta todo en supercherías o parrandas interminables en plaza Garibaldi. De esos hurtos, se hace de una casa propia, y de un nombre dentro de la colonia mencionada. Sus amistades sobrepasan el círculo del hampa de piezas automotrices.
Ya viejo, una tarde en que no suenan sirenas de patrullas o ambulancias, una epifanía lo alcanza, y escribe su más celebre poema, o el único que alcanzará la publicación en largas y sesudas antologías: El poema de ladrones, que comienza así:
 
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de dios que en su magnífica valía
me dio a la vez la calle y aquel coche...
 
2020/07/31

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