1 may 2023

 

A veces quiero hablar de la casa del doble, un hombre que se parece a mí cuando era joven. Otras, hablar de mi padre, un hombre al que algunas veces me parezco ahora que soy mayor.
Pero siempre que voy a cortarme el pelo, me dan ganas de escribir una historia criminal en la que los meros malos sean los dos peluqueros mudos que desde hace un par de años frecuento y de los que siempre me pregunto qué idioma hablarán. Yo sé que el mutismo es su fachada. Deben ser aliens o algo. Y seguro que tienen ganas de degollar a más de un cliente castroso. Por eso cuando voy, me siento y calladito espero a que cualquiera de ellos haga su esmerado trabajo, y me dirijo a ellos con señas tímidas y concisas, porque me provocan un profundo temor y no quiero ser el próximo degollado en su lista.

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