1 may 2023

Cartas que se arrancan como mala hierba de los parques.

 


Llueve. Sobre mis hombros, sobre una porción breve de esta tierra. No hay metáfora: se ensanchan en su cauce los arroyos, todos huyen en busca de un refugio. Llueve. Los perros se olvidan de ladrar a tu fantasma. Mis pasos recuerdan las caminatas en los recovecos de un paisaje que ya no me pertenece. Obcecada, inútilmente, huyo del recuerdo. En la estufa, el agua hierve. Alguien ha olvidado su oficio de cocinero, alguien desiste, en otro punto de esta callada noche, de llevar serenata. En el parque central se arraciman otros espectros: cada uno, a destiempo, recrea su muerte. Anhelan una canción, un par de versos, que los nombren. Aquí cayó Nemesio Ponce, por unos ojos ajenos/ corría el año once y nada traían de buenos. Luego el estruendo de una bala surcando el aire, asentando sus reales sobre la carne, hallando alojo entre hueso y músculo. Ojitos de esmeralda, que me supieron mirar/ Me mataron por la espalda cuando te quise olvidar. La viga crujiente de una casa ahora abandonada, un suspiro que huye, apresurado, de un pecho de hombre que no supo estar ni saberse solo. Vuelve a llover. Otros fantasmas pueblan las calles: cada cual con su herida, cada cual con su dolencia. Era un chamaco bragado, pero le faltó malicia/ siempre pagó lo acordado, hasta que llego su Alicia. También mis pasos resuenan en el eco de la madrugada, pero a diferencia de aquellos, sólo espero la música de tu voz al pronunciar mi nombre. Sin verso, sin metáfora: mi nombre enlazado al tuyo desde tu voz evocada por la voz de mi recuerdo. Por eso te escribo desde cada habitación de hotel a la que he llegado. Desde cada cuarto de vecindad en que he encallado. En cada paisaje, busco la palabra que me acerque: bosque enbrumecido, humedecida selva, espinante malpais, interminable llano. Cartas que escribo para arrancarle motivos al desasosiego, como quien arranca malas hierbas de los parques.

2020/05/30

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