El personaje está de pie, escribe una historia sin pies ni cabeza. Se apoya en una especie de barra. Siendo precisos, más que escribir una historia, realiza anotaciones. Lo hace con paciencia. La única paciencia que es otorgada a quien asume la muerte como un mero suceso trivial.
El público que lo observa siente crecer la curiosidad como una hiedra venenosa al paso de los minutos.
Entonces la tormenta llega y la energía eléctrica huye despavorida.
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