25 may 2020

y quiero, entonces, tomar tu mano

y quiero, entonces, tomar tu mano,
poblar con mi deseo la distancia
entre nosotros, el abismo pueril
donde se estrellan, cotidianos,
los hambrientos buitres
del miedo; pero poco sostengo
en la mirada, alguna roca que cayó,
durante la tormenta, en la palabra,
las fieras que habitaron el misterio
de tu nombre en otros días,
antes de volverse costumbre
este mascullar, entre las sombras,
al abrigo de toda luz, las sílabas
que apenas, difícilmente, te dibujan;
entonces, insisto, hay una sed terrible,
como una resaca que llega con rudeza
al lecho, a la crispación del vientre,
y dice nuevamente que el reino ha sido
devastado, y sólo hay fuego para bregar
en el crepitante cuerno del día,
y esta sed lo oculta todo, enmudecida,
enmudeciente, y abre una puerta
por la que surgen, azorados, los galgos
de mi extraviada ternura, de mi enceguecida carne,
y juguetean, y me destrozan, y acaso
tal vez algo dentro de mí, oscuro, roto,
aprende a sonreír, agotadora, torpemente

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