he salido a la lluvia, humildemente, como quien sale
a refrendar su deuda con la calle, como quien ha empeñado
repetidas veces la palabra,
el nudo crepuscular del tedio
y vuelve a hacer la fila, empecinado
en la excavación del miedo y la zozobra,
en busca del santo Grial de los terrores cotidianos;
la calle se cierra, sin embargo, estrepitosa,
goznes hay que se lamentan en la profunda oscuridad
del día, espejos a contraluz, y hacen reverberar la sangre
que ladra, infatigable, al ser tocada;
la ciudad se ahoga en su vaso de agua podrida,
y yo he salido a la lluvia, como quien vuelve
a firmar un contrato con la nada, y agradece
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